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Manejo Inteligente www.drivingconsultancy.com |
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1 de Octubre de 2008 número 25 |
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Tenemos el placer de enviarle la edición nº25 de INFO MANEJO. En esta entrega le presentamos la explicación de la importancia de los buenos hábitos al manejar y la segunda entrega de las recomendaciones del mantenimiento de los frenos hidráulicos.
Lo invitamos también a que visite el nuevo sitio web de INFO MANEJO www.infomanejo.com donde encontrará las ediciones anteriores, tanto en español como en inglés. |
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Por lo general, nuestra conducta está regida por normas y leyes que regulan las situaciones y el medio en el que vivimos. Desde lo psicológico, numerosos estudios demuestran que nos manejamos influidos por dos tipos de reglas:
* Las formales, que existen para cuidar nuestro bienestar y el de la gente que nos rodea. Un ejemplo de aplicación para este tipo norma sería la que nos "prohíbe cruzar una intersección con el semáforo en rojo". * Las informales o de convención social, donde podríamos citar el caso de "anteponer la cortesía y ceder el paso a otros conductores". Posiblemente, un sistema de tránsito planteado en estos términos funcionaría con pocos conflictos. Apreciamos que la violación de las reglas representa una trasgresión a convenciones arbitrarias, éstas son las que regulan la conducta de quienes manejan dentro de una escala de valores: no tiene el mismo potencial de riesgo cruzar un paso a nivel de tren con la barrera baja, que apurarnos a estacionar en el último espacio disponible cuando hay otro que pretende hacerlo. En este punto parece oportuno comentar que existen evidencias que indican que los niños, desde muy temprana edad, son capaces de discernir entre estas dos clases de normas y sus consecuencias. En muchas ocasiones el incumplimiento de las leyes no parece ser un intento consciente, pero ¿por qué sucede y, fundamentalmente, cómo podríamos llegar a evitarlo? Por lo general se consideran a las actitudes como las principales responsables de nuestras conductas y, siguiendo esta línea de pensamiento, podríamos inferir que si se modifica una actitud, automáticamente produciremos cambios en la conducta. Sin embargo, no resulta tan fácil como aparenta ser y esto es debido a que en ciertas ocasiones los hábitos nos impiden actuar como queremos o debemos. ![]() Desde la acción psicomotriz, podemos citar el caso de quienes, al comenzar el aprendizaje, oprimen al mismo tiempo el pedal del freno y el del embrague. Luego de un tiempo no podrán cambiar esta manera de hacerlo, aún cuando se les explique que esta forma de actuar conlleva un riesgo mayor, ya que técnicamente no es el mejor procedimiento para frenar. De manera análoga, el hábito también condiciona sobre lo actitudinal cuando sistemáticamente faltamos el respeto a los límites de velocidad, porque nos parece que aunque vayamos muy rápido, circulamos seguros en función de una valoración subjetiva de habilidad. Los hábitos influyen sobre nuestros límites de capacidad cognitiva -podemos realizar un acotado número de cosas a la vez- ampliando su espectro, pero sólo cuando las situaciones ya son reconocidas. Entonces, detrás del volante podremos actuar y sumar otros movimientos simultáneos, sin tener que pensarlos detenidamente o poniendo muy poca atención, incluso cuando se trate de tareas disímiles. Las acciones del conductor resultarán de mayor complejidad y aunque él mismo lo ignora porque nunca le pasó nada, recurre al uso cotidiano del procedimiento incorrecto, aferrados a malos hábitos adquiridos tal vez con la idea que lo desconocido puede resultar peor. Esto deja abierta una posibilidad cierta para cometer errores de juicio sobre la conducta, que finalmente se traducen en acciones riesgosas afectando la seguridad de los demás y la propia. ¿Se pueden cambiar los malos hábitos? Como se constituyen muy rápidamente y son empíricos -proceden de las experiencias-, sólo el entrenamiento adecuado podrá direccionar nuestra capacidad cognitiva hacia la seguridad. Después de un tiempo de trabajo, estos malos hábitos quedarán debidamente eliminados y al disponer de mayor control nuestro manejo será más seguro. |
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Segunda entrega. |
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Recomendaciones para conductores
1 Evite utilizar excesivamente los frenos, mediante aplicaciones prolongadas o repetidas que puedan producir una pérdida de rendimiento originado por altas temperaturas. Algunos expertos sostienen que "quien menos utiliza el pedal de freno, mejor maneja". 2 Un calor excesivo puede provocar cambios aleatorios y temporales en las propiedades de fricción de las pastillas y zapatas, provocando pérdida de eficiencia a medida que los frenos se van calentando (fadding o vaporlock). Detenga el vehículo y espere que se enfríen si nota alguna anormalidad. 3 Cuando percibimos que el pedal está más bajo que lo habitual, debemos hacer revisar el nivel de desgaste de cintas y pastillas. Tenga en cuenta además que los discos de freno sufren desgaste y deformación por las bruscas temperaturas extremas, que provocan cambios en la dureza del acero. Para estos casos, es conveniente cambiar los discos si la superficie está deteriorada. 4 Complemente la acción de frenado utilizando el cambio adecuado que posiciona al motor en su zona de máxima desaceleración -máximo torque-, sobre todo cuando baja pendientes. 5 Aplique el freno con mayor intensidad al comienzo, para luego aligerarlo a medida que se detiene. De esta forma evitará bloqueo de las ruedas y un probable descontrol además de mayor confort. 6 No frene con la caja en neutral -punto muerto- ni apriete el pedal del embrague junto con el del freno, porque desconecta el motor de la transmisión. El embrague se utiliza para evitar que el motor se pare cuando está por detenerse totalmente y no para frenar. Esta maniobra le hará recorrer más distancia al frenar, con el riesgo de bloquear las ruedas delanteras -excepto cuando el vehículo tiene ABS-.
7 Como los líquidos no se comprimen, si al oprimir el pedal lo notamos esponjoso o blando, posiblemente haya aire en el circuito o alguna pérdida de líquido. Verifique el nivel del vaso y concurra al mecánico.
8 Permanezca atento a chillidos o ruidos anormales al momento de frenar, pueden ser indicadores que advierten de posibles desgastes de cintas o pastillas. Concurra a su taller de confianza para diagnosticar. 9 Si al frenar notamos una trepidación en el volante y/o el pedal, puede que las caras de los discos estén irregulares. Será necesario rectificarlas, pero asegúrese que solamente sea realizada por un taller habilitado. 10 En los vehículos donde las ruedas traseras están equipadas con frenos a tambor -campana- pierden su capacidad cuando atraviesan vados o charcos, pudiendo ocasionar derrapes. Reduzca la velocidad y antes de continuar la marcha compruebe el nivel de recuperación, accionando el freno de estacionamiento al mismo tiempo que acelera. 11 Controle periódicamente el nivel del líquido de frenos, lo puede hacer usted sin necesidad de abrir el recipiente -los vehículos con frenos ABS presentan varios compartimentos-. Si está por debajo del nivel indicado, debe rellenarse con fluido homologado y por personal especializado. 12 El fluido de frenos es un compuesto higroscópico, que se contamina por su característica de retener agua de la humedad ambiente, en forma de vapor o líquido, perjudicando los componentes metálicos del sistema. Revise el manual de mantenimiento para conocer el momento para el reemplazo, siendo recomendable no exceder los 2 años o 50.000 Km. 13 En condiciones de adherencia normales y por terrenos nivelados, un vehículo debe conservar su línea de marcha al frenar en línea recta, aún soltando el volante. La tendencia a desviarse hacia alguno de los lados puede indicar falla en alguna rueda. Si no tiene un neumático desinflado, verifique entonces cuánto frena cada rueda en taller con frenómetro y habilitado. Ambas ruedas de cada eje deben frenar igual, registrando los mismos valores. |
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